“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros... así como Cristo os perdonó.” (Colosenses 3:13)
El perdón no es fácil, especialmente cuando la herida fue profunda.
Perdonar no es justificar al otro, es sanar tu corazón.
Cuando perdonas, no pierdes… te liberas.
Dios no te pide hacerlo sola; Él te da la fuerza para soltar, para dejar ir el rencor y recuperar la paz.
Perdonar es un proceso, y estás dando pasos.
No es por ellos… es por ti.
Cristo te perdonó primero, y ese amor ahora vive en ti.

